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CAPÍTULO IV: PERFIL RELIGIOSO DE BOLIVAR

 

 

1.Hogar cristiano:

 

Bolívar perteneció a un hogar de firme y arraigada tradición católica.  Su devoción a la Santísima Trinidad fue trascendental ya que sus antepasados eran oficialmente patronos del templo, que  en Caracas está  consagrado al augusto misterio, dentro de la Catedral Primada de Venezuela, capilla dedicada al culto del Dios Uno y Trino; de esta capilla también son patronos los ascendientes de Bolívar; aquí reposan los restos de los padres y de la esposa del Libertador.  Patrono era un título que se tenía por nombramiento que la Curia Arzobispal hacía a una persona o familia, en virtud del cual el católico así distinguido, quedaba responsable del templo o capilla.

 

En la primera etapa de la educación de Bolívar, sus maestros Andrés Bello, los sacerdotes Andújar y Negrete como Guillermo Pelgrón no influyeron tanto en él como el indescifrable Simón Rodríguez, seguidor del libre pensamiento de los enciclopedistas.  Cuando llegó muy joven a España, las ideas de D’ Alembert y Diderot se divulgaban libremente y le llegaron a calar en ciertos aspectos, pero el medio donde nació, con sus raíces cristianas, permitió echar en él las bases fundamentales de las enseñanzas de Cristo, las cuales afloraron con fuerza inusitada en grandes documentos donde el Libertador sentó los principios de acatamiento a la Iglesia Católica.  A través de cartas, proclamas, discursos y mensajes como actitudes personales tradujo sus sentimientos y convicciones de creyente.

 

La influencia de su maestro Simón Rodríguez, sus contactos personales y las lecturas de enciclopedistas franceses le apartaron de las prácticas normales religiosas e incluso dejaron en su mente ideas controvertidas y un indiscutible indiferentismo; pero a pesar de esto no perdió su fe en Dios ni el respeto práctico a lo religioso.   En los últimos quince años de su vida solía cumplir con el precepto de la misa dominical y los días festivos.

 

Llevó siempre en su bolsillo una imagen de la santísima Trinidad y era muy devoto de la virgen María a quien invocaba en sus afanes supremos.  Una de sus anécdotas de esta devoción fue la famosa invocación en la Batalla del pantano de Vargas al no recordar el nombre del pueblo de Tutazá donde había una imagen muy venerada, exclamó: “Virgen santa de…de los tiestos, dame una victoria y bendice a mis soldados.

 

En 1813 se dirigió a los venezolanos y les pedía se prosternaran”delante del Dios omnipotente” y meses después invocó la protección del cielo.  En 1814, en San Mateo dijo: …”el Dios de los ejércitos concede el triunfo a los que combaten por la justicia”.  En Carúpano hizo alusión a que no se  podía comparar el espíritu con la materia.  Cerca de Bogotá le comunicó al dictador Alvarez que  “es injusto mezclar la religión en cuestiones puramente civiles”.  Así como escribía llegó a cumplir con sus actos de respeto y acatamiento de la Iglesia.   Era una demostración profunda de que él aceptaba la jerarquía del clero en contra de quienes esparcían a voz en cuello lo contrario.  Después de lo del calabozo se dirigió a los llaneros con estas palabras:  “Bendecid, pues, a la providencia, que os ha procurado un gobierno conforme a la dicha del género humano”.  Aún más en Angostura habló: “de los derechos concedidos por la divina providencia”.  A los hijos de Venezuela confiesa que:  “me cuento entre los seres más favorecidos de la Divina  Providencia”.  A lo largo de su famoso discurso insistió en el mejoramiento moral de los hombres, porque consideraba la doctrina cristiana como el fundamento para una sociedad bien organizada y dirigida.

 

En el curso de los años subsiguientes existen numerosos documentos donde Bolívar se muestra cristiano y respetuoso de los representantes del Clero.

 

En el mensaje al Congreso Constituyente de Bolivia en 1826 manifestó lo siguiente:  “Legisladores ¡ Haré mención de un artículo que según mi conciencia he debido omitir.  En una constitución no debe prescribirse una profesión religiosa; porque según las mejores doctrinas sobre las leyes fundamentales, estas son las garantías de los derechos políticos y civiles y como la religión no toca a ninguno de estos derecho, es de naturaleza indefinible el orden social y pertenece a la moral intelectual.  La religión gobierna al hombre en la casa, en el gabinete, dentro de sí mismo; solo ella tiene derecho a examinar su conciencia íntima.  Las leyes, por el contrario, miran la superficie de las cosas:  no gobiernan sino fuera de la casa del ciudadano”.

 

Más adelante conceptúa: “La religión es la ley de la conciencia.  Toda ley sobre ella es nula, porque imponiendo la necesidad al deber, quita el mérito a la fe, que es la base de la religión.  Los preceptos y los dogmas sagrados  son útiles, luminosos y de evidencia metafísica; todos debemos profesarlos, más este deber es moral, no político”.  Para redondear su pensamiento en torno a esta cuestión, agregó: “El desarrollo moral del hombre es la primera intención del legislador: luego que este desarrollo llega a lograrse, el hombre apoya su moral en las verdades reveladas, profesa de hecho la religión, que es tanto más eficaz, cuanto que la ha adquirido por investigaciones propias.  Además, los padres de familia no pueden descuidar el deber religioso hacia sus hijos.  Los pastores espirituales están obligados a enseñar la ciencia del cielo: el ejemplo de los verdaderos discípulos de Jesús que es el maestro más elocuente de su divina moral; pero la moral no se manda, ni el que manda es maestro, ni la fuerza debe emplearse en dar consejos.   Dios y sus ministros son las autoridades de la religión que obra por medios y órganos exclusivamente espirituales; pero de ningún modo el cuerpo nacional, que dirige el poder público a objetos puramente temporales”.

 

Bolívar ayudó a monjas, sacerdotes, obispos y conventos con apoyo de fondos oficiales.  Tuvo mucho tacto diplomático en los asuntos relacionados con el  patronato y las interferencias de España ante la santa sede.  En fin, a pesar de haber tenido dificultades con varios miembros del Clero por terciar en la contienda en contra de la causa americana, Bolívar supo mantenerse fiel a su tradición de creyente.  Hacia 1824 al referirse a los ministros de iglesia, escribió: Estos ilustres príncipes y padres de la grey de Colombia son nuestros vínculos sagrados con el cielo y con la tierra.  Serán ellos nuestros maestros y los modelos de la religión y de las virtudes políticas.  La unión del incensario con la espada de la ley es la verdadera arca de la alianza”.

 

Para los últimos días de su vida, convencido de que no podía realizar el viaje a Europa en 1830, ya debilitado su organismo por la tuberculosis, con un  rasgo de cristiano viejo, manifestó:  Además, me siento morir, mi plazo se cumple, Dios me llama; tengo que prepararme a darle cuenta, y una cuenta terrible, como ha sido terrible la agitación de mi vida”.

 

Se cuenta que en una de las campañas  en la provincia de Tunja Bolívar llegó muy fatigado a Chiquinquirá.  Después de descansar un poco pidió las llaves de la iglesia; y una vez en ella, se postró de rodillas ante una imagen de la virgen y en actitud de mucha reverencia oró por largo rato con fe y devoción.

 

2. Católico pero crítico:

 

La identidad religiosa de Bolívar estuvo marcada con el sello inconfundible de la catolicidad.  A los días de nacido fue bautizado en Caracas con el nombre de “Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y  Palacios Ponte y Blanco”, el 30 de julio de 1783 por el canónigo Don Juan Feliz Jerez de Aristeguieta y Bolívar.

 

Sobre el nombre del niño hubo un altercado entre el padre y el padrino, Don Feliciano Palacios y Sojo éste Sostenía que “debía ponérsele el nombre de Santiago, Santo patrono de España, en cuya fiesta habría nacido; y aquel, el de Simón, porque decía Don Juan Vicente: Tengo el presentimiento de que este niño está destinado a ser el Libertador de su patria.  (1) “El texto de la partida de bautismo de nuestro Libertador es el siguiente:

 

 

 

[1]

 

 

 

 

 “En la ciudad Mariana de Caracas en treinta días del mes de julio de mil setecientos ochenta y tres años el Dr. Dn. Juan Felix Jerez de Aristeguieta, presbítero, con licencia que yo el infrascrito Teniente Cura de  esta Santa Iglesia Catedral le concedí, bautizó, puso óleo y crisma, y dio bendiciones a Simón José Antonio de la santísima Trinidad, párvulo que nació el día veinte y cuatro del corriente, hijo legítimo de Don Juan Vicente Bolívar, y de Doña María de la Concepción Palacios y Sojo naturales y vecinos de esta ciudad; fue su padrino Don Feliciano Palacios y sojo a quien se advirtió el parentesco espiritual y obligación para que conste lo firmo, fecha ut-supra.  B. – Manuel Antonio Fajardo”.  (2)

 

La confirmación se verificó en abril de 1790 en la iglesia catedral de Caracas; el ministro del rito fue el obispo doctor Mariano Martí; y el padrino fue Don Esteban Palacios y Blanco.

 

“ En la ciudad Mariana de Caracas en los días cuatro, once y diez y ocho de abril de mil setecientos noventa años el Imo Sr.Dr. Mariano Martí Digmo Obpo. De esta Diócesis del Consejo de su Magd  le administró el Sto. Sacramento de la confirmación en su palacio Episcopal, a las personas siguientes:

 

-Hombres-

 

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Dn. Simón Bolívar hijo legítimo de Don Juan Vicente Bolívar Y de la Doña. Concepción Palacios Blanco. Padrino. Don Esteban Palacios y Blanco.

 

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Las cuales personas se confirmaron en diez y ocho días, mes y año. Y para que conste lo firmó S.S. Ilma –(firmado)-. Mariano Obispo de Caracas”. (Folios 159 Vto. I 160 del Libro Noveno de Confirmaciones).              

 

El 26 de mayo de 1802 contrajo matrimonio en la catedral de Madrid con Doña María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, sobrina por la línea paterna del marqués del Toro; y por la línea materna, del Marqués de Inicio, Conde de Rebolledo, Matural de Valladolid.

         

“Yo Don Isidro Bonifacio Romano, Teniente Mayor de Cura de la misma, habiendo precedido despacho del señor Don Juan Bautista de Espeleta, Pr. Vicario Ecco. De esta referida Villa y su partido dado en veinte del propio mes y año refrendado de Diego Alonso Martín, su notario, por el que consta haberse dispensado las tres amonestaciones que previene el Santo Concilio de Trento por las justas causas que concurrieron para ellos; recibidos los mutuos consentimientos,hecho las demás preguntas y requisitos necesarios, y no ha resultado impedimento alguno, desposé infacie Eclesiae por palabras de presente que hacen verdadero y legítimo matrimonio a Don Simón Bolívar, natural de la ciudad y obispado de Caracas, en América, hijo de Don Juan Vicente y de Doña María de la Concepción Palacios (ya difuntos) con Doña María Teresa Rodríguez de Toro y Ascanio y de Doña Benita Alaiza Medrano (ya difunta) precedidos los requisitos necesarios se hallaron presentes por testigos Don Pedro Rodríguez de Toro de Inicio y otros juntamente los velé y di las bendiciones nupciales según ritual romano, y lo firmé.  Don Isidro Bonifacio Romano”. (Libro VI de Matrimonios.Folio55vuelto). (3)                                                                                                                                                                                                                                   

 

En carta que Bolívar escribió a su sobrino Fernando Bolívar, le dice: “La fiesta de la Santísima  Trinidad es tradicional en mi familia y por tanto debe celebrarse, cueste lo que cueste”.  Y a Anacleto Clemente le ordena: “La fiesta de la Trinidad, que se haga todos los años con la misma decencia que se ha acostumbrado antes”.  El 27 de octubre de 1825, escribió una carta a su hermana María Antonia, a quien cuenta algunos episodios de su vida, sus conflictos administrativos, sus criticas a la iglesia por ritualista y a veces tan temporalista y servidora de los más poderosos; pero a pesar de todo le decía a su hermana: “Protegeré la religión hasta que me muera” (4).

 

Durante la  misa permanecía de pie o sentado en forma silenciosa o estática con mucho respeto; y le disgustaba que los demás no tuvieses actitudes profundas y respetuosas.  No era santero ni fanático; criticaba la falta de belleza y dignidad de las imágenes como también las exageraciones de algunos devotos que confundían la veneración con la idolatría. El 29 de Abril de 1823, Bolívar dice a Santander: “ Yo hago confesión de conciencia, y la vedad es que tiemblo de mis pecados hechos contra mi voluntad, hechos a favor de la causa” (Carta a Santander.29 de Abril de 1823. Vol I. Pag..730).  Se cuenta que el 6 de junio de 1828, Bolívar entró a una iglesia de Bucaramanga, adornada con muchos cuadros de santos y santas, y un ángel muy bien vestido en el centro del templo.  Entonces Bolívar comentó: “porque es el pueblo, su credibilidad e ignorancia lo que hace de los cristianos una secta de idolatrías”(5) criticaba sin compasión a los sacerdotes ignorantes, o hipócritas.  No se conocen las razones que Bolívar tenía para no arrodillarse en las ceremonias litúrgicas. Como tampoco se sabe por qué no quiso arrodillarse protocolariamente ante el Santo Padre su Santidad Pío VII, en la audiencia que el embajador de España en el Vaticano  le consiguió.  Pero si hay clara constancia del disgusto que Bolívar no pudo ocultar en la coronación de Napoleón, ceremonia en la que el pueblo se mostró arrodillado y servil, actitud que nuestro Libertador rechazó por indigna y ultrajante de la dignidad humana.

 

No era fácil para Bolívar fraternizar o armonizar la herencia católica y ritualista que recibió desde niño, con las ideas y tendencias naturalistas que le imprimió se exótico maestro Don Simón Rodríguez, y los ilusionismos de los enciclopedistas franceses, con quienes compartía pareceres  acerca del universo intelectual del momento, incluida las ideas religiosas.  Lo cierto es que él conservó ciertas tradiciones de familia, también practicó el “espiritualismo del ilusionismo Francés”.  La verdad es que esta mezcla está lejos de lo que hoy se conoce con el nombre de “catolicismo auténtico” que reclama y exige coherencia entre la fe que se profesa y las acciones del diario vivir.  De todos modos es admirable la forma como Bolívar manejaba estos dos aspectos de su religiosidad, que unas veces se alimentaba con la repetición de prácticas ancestrales de la familia Bolívar y Palacios; y de otro lado evolucionaba a la velocidad de la razón estimulada por la nueva  visión de Dantón Marat, Robers Pierre y los enciclopedistas.  A pesar de las ideas encontradas, la historia nos muestra un Bolívar creyente que siempre invocaba a Dios y se encomendaba a la Santísima Virgen María.

 

El conocido biógrafo Perú de la Croix, en el diario de Bucaramanga, dice: “ Durante el tiempo que el Libertador ha permanecido aquí no ha dejado una sola vez de ir a la iglesia en los días de fiesta, y el cura tiene

 

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destinado un padre muy expedito para que diga la misa a la que asiste S.E.  No  hay hora  fija para la misa antes o después del almuerzo, seguí el deseo del Libertador; y aquella misa es muy concurrida, porque todos quieren ver a S.E.; y vienen muchos campesinos con ese único objeto”. (6)

 

 

 

3. Bolívar fue excomulgado:

 

En 1814 tuvo lugar uno de los episodios más bochornosos en las relaciones de Bolívar con la iglesia. Bolívar se proponía someter el régimen de las provincias unidas para lo cual cercó la ciudad de Bogotá en el mes de diciembre de este año.  Y mientras esto sucedía, los enemigos de la causa libertadora acusaban a Bolívar con graves calumnias ante la jerarquía católica.  En el arzobispado se creía que Bolívar “venía a saquear las iglesias, perseguir a los sacerdotes, destruir la religión, violar a las mujeres, y degollar a hombres y niños”.(7)

 

4Los administradores del arzobispado llenos de miedo por la presente acción demoledora de los ejércitos Libertadores, y autorizados por sus legítimos superiores, expidieron un dicto de excomunión  contra Bolívar el 5 de diciembre de 1814.  Este edicto, sin embargo no prospero ni tuvo el efecto esperado, porque Bolívar al entrar victorioso a Bogotá se encamino de inmediato al arzobispado para dar personalmente las explicaciones y aclaraciones pertinentes a tales acusaciones tan graves como gratuitas y sin fundamento real.  La iglesia jerárquica por su parte, emitió otro edicto el 15 de diciembre en virtud del cual se levantaba la excomunión, y al mismo tiempo la curia arzobispal honraba a Bolívar por su noble causa y le pedía disculpas por lo acontecido, que habría sido efecto de las malas informaciones.

 

“ El honor del gobierno a que pertenezco y el sentimiento que debo a mí mismo y a mis soldados, exigen una reparación.  Jamás he tomado sino

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para liberar, y en medio de los combates he confiado siempre en que mi

religiosidad contribuyese a mi fortuna”.  “Si es injusto mezclar la religión en cuestiones puramente civiles, lo es mucho más valerse en tales casos de armas solo útiles, contra sus enemigos; pero es aún más injusto, abusar de la credibilidad del pueblo que tiene tal confianza en sus sacerdotes; y lo es todavía mucho más difamar tan cruelmente a un ejército que no cede en piedad a ningún pueblo cristiano y cuyo único consuelo en las adversidades es el sentimiento de su propia conciencia y la sagrada religión de sus padres”. (8)

 

Es claro, pues, el sentido de una fe seria y critica que tenía Bolívar; con la cual actuaba, vivía  y escribía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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4. La Masonería en la vida de Bolívar:

 

Intelectualmente  Bolívar fue muy inquieto.  Fue un lector infatigable; conoció y criticó a Locke, Condillac, Buffon Dalambert, Helvetius, Montesquieu, Maby, filongieri, Lalande, Rousseau, Voltaire, Rollin, Berthot, y todos los clásicos de la antigüedad, así filósofos historiadores, oradores y poetas; y todos los clásicos modernos de España, Francia, Italia y gran parte de los Ingleses.

 

Y fue en este contexto intelectual, en las tertulias ideológicas que tuvo en París, posiblemente en casa de las primas Villars, donde Bolívar se conoció con Don Francisco de Miranda.  Ambos alternaban acerca de temas políticos y culturales, que luego ampliaban en las reuniones con el científico alemán Alejando de Humbold.  En uno de estos encuentros históricos con Miranda, Bolívar tuvo su  primer contacto con la masonería.  Miranda quería la independencia americana aún a costa de los más heroicos sacrificios; buscaba y aceptaba el apoyo de conocidos y extraños; ingresaba a unas instituciones o fundaba otras como “La gran reunión americana”, que albergaba a casi la totalidad de americanos residentes en Europa; esta organización se multiplicó en muchos filiales, algunas de ellas dirigidas por el mismo Miranda como “ Las juntas de las ciudades y provincias de la América Meridional”, con sedes en París y en Madrid, y las “ Sociedades de los caballeros”.  En esta sociedad, Bolívar se hizo masón con la siguiente fórmula: “Nunca reconoceré por gobierno legítimo de mi patria sino aquel que sea elegido por libre voluntad de los pueblos y siendo el sistema republicano el más adaptable al de las Américas, procedente por cuantos medios estén a mi alcance a que los pueblos se decidan por él”.  Más adelante el 11 de noviembre de 1805 la logia de San Alejandro de Francia en París, concedió a Bolívar el ascenso a 2° grado de la masonería.  Este  ascenso tuvo lugar en una ceremonia presidida por el generalísimo Miranda.

 

Jorge Pacheco Quintero, escritor colombiano, en su libro “La Masonería en la emancipación de América” editado por la Universidad La Gran Colombia de Bogotá en 1943, habla del tercer grado o maestro masón; y al respecto dice:

“Se ha podido demostrar que en 1806 Bolívar recibió el grado tercero de maestro en la “logia simbólica London” número 5 de Inglaterra; así como también que en 1810 a su regreso a Venezuela, después de desempeñar la brillante función diplomática que lo llevó a Londres en asocio de Miranda, fundó la Logia “protectora de las virtudes  No. 1” en el oriente de Barcelona- Venezuela”.  (8)

 

Este mismo autor dice: que la logia “protectora de las virtudes” que el mismo Bolívar ayudó a establecer, le negó el grado 18 en razón al decreto antimasónico de “guerra a muerte” del año 1814 firmado por Bolívar  en la ciudad de Trujillo.  Pero, curiosamente su nombre se encuentra incluido en la lista de  masones del grado 33, en el archivo general de Caracas; esto podría entenderse como una mención honorífica concedida por la nación, después de alguno de los  triunfos de la  independencia, dado que los grados anteriores e intermedios si fueron otorgados durante la guerra de la independencia en atención a los méritos patrióticos.

 

Es apenas comprensible que un jefe con las  características de Bolívar, haya sido honrado con estas distinciones que la nación apreciaba mucho y tenía reservado para galardonar a los personajes más ilustres y bienhechores de la patria.

 

Pero lo que sí es claro para cualquier investigador es que el ingreso de Bolívar a la masonería y su progreso en grados, tuvo un carácter político; es decir, que la masonería representaba apoyo y premio a su ideal libertador; además él sabía que el decreto de guerra a muerte era contrario a los cánones de la Logia. Pero para Bolívar era más significativo este decreto que su pertenencia a la masonería, pues ésta no le conseguiría rendir la voluntad de los pueblos para la campaña libertadora, y aquel si le multiplicó por muchos números los soldados y los  unió como un solo hombre contra el poder de Fernando VII.  Pero la crisis con la masonería empeoró pronto con el fuerte mensaje a  la convención de Ocaña pidiendo “leyes inexorables”, contrarias al principio de Fraternidad y tolerancia de la logia.  Y mientras más evolucionaba el proyecto de la emancipación americana, más se distanciaba nuestro Libertador de todas las logias.  Bolívar sabía muy bien para dónde iba; no fue un improvisador; el no descansaría antes de ver cumplido el sueño de su vida, proclamado el 1805,  y rubricado con el histórico y trascendental juramento del Monte Sacro.

 

Durante el período de la dictadura, la masonería y Bolívar descubrieren la enorme distancia que los separaba; la convivencia pacífica era sencillamente  imposible.  La masonería era para Bolívar un factor retardatario de la unificación de la República, un espectáculo al ejercicio pleno de la autoridad y un agente activo de crisis con el clero y los militares.  De ahí, entonces, que Bolívar escribe, promulga y publica un decreto el 8 de noviembre de 1828 en el que prohibe, bajo pena de multas y prisión, las reuniones de la logia en el territorio nacional.(8)

 

En el diario de Bucaramanga. Don Luis Perú de La Croix en uno de los apartes dice:  “El Libertador habló de la masonería, diciendo que también él habría tenido la curiosidad de hacerse iniciar para ver de cerca lo que eran aquellos misterios, y que en París habría sido recibido de maestro, pero que aquel grado le habría bastado para juzgar lo ridículo de aquella antigua asociación; que en las logias habría encontrado algunos hombres de mérito, bastantes fanáticos, muchos embusteros, y muchos más tontos burlados… Pero que en el estado de civilización de Colombia, de fanatismo y de preocupaciones religiosas no era posible valerse de la masonería, porque para hacerse él de algunos partidarios en las logias, se hubiera atraído el odio y la censura de toda la nación.” (9)

 

Sin violentar el significado de los textos, se puede afirmar que el paso de Bolívar por los cuarteles de la masonería, no modificó la condición religiosa que llevaba impresa en su identidad, con caracteres definitivamente católicos, generados por la cuna Bolívar-Palacios donde se vivía y comulgaba con la palabra del Vaticano.  Para Bolívar, la experiencia en las logias no pasó de ser una oportunidad política, que, además, aprovechó en su momento oportuno.  Pero cuando la masonería, no pudo hacer mayores aportes a la causa libertadora, antes por el contrario, se oponía a las estrategias de Bolívar, entonces se produjo la

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ruptura definitiva. Bolívar pues, no fue masón auténtico; yo opino que fue masón de oportunidades, no de convicciones.

 

 

5. Relaciones con la iglesia:

 

En la carta profética de Jamaica el 6 de septiembre de 1815, Bolívar admira el valor y acierto de los patriarcas mejicanos al unir la causa de la libertad con los intereses de la religión: “Felizmente los directores de la independencia de Méjico se han aprovechado del fanatismo con el mejor acierto, proclamando a la famosa Virgen de [7]Guadalupe por reina de los patriotas; con esto el entusiasmo político ha formado una mezcla con la religión que ha producido un fervor realmente por la sagrada causa de la libertad”. (10)

 

Desde 1811, hablaba frecuentemente a las tropas de la fe en Dios y la confianza en la iglesia.  En la proclama del 8 de noviembre, “ juráis defender con vuestras personas y con nuestras fuerzas conservar y mantener pura e ilesa la santa religión católica, apostólica y Romana única y exclusiva en estos países”.  Siempre invocaba a Dios en sus proclamas y  arengas; cuando finalizó su proclama a los colombianos el 20 de marzo de 1820: “Viva el Dios de Colombia”.

 

Bolívar sabía que la marcha armoniosa de las relaciones con el Vaticano era elemento fundamental para la estabilidad de las Repúblicas libertadas por su espada.  Un sacerdote Vasco encontró en el archivo abundante correspondencia con Roma, por eso afirma “Contaba con carta de ciudadanía en la ciudad de los Papas, y era personaje familiar en la correspondencia privada de la secretaría de Estado”. (11)

 

Para muestra está la correspondencia con el Papa León XII en el año de 1828.   “Moral y luces, - escribió en el discurso de Angostura- son los polos de una República; moral y luces son nuestras primeras necesidades”. (12)

 

En un decreto firmado en 1828, dispuso: “ El gobierno sostendrá y protegerá la Religión Católica, Apostólica y Romana, como la Religión de los colombianos”.  Y manifestó: “ Permitiréis que mi último acto sea recomedaros que protejáis la religión santa que profesamos, fuente profusa de las bendiciones del cielo”.  El clero americano, en su mayoría, era realista y poco o nada le importaba la obra de Bolívar;  Sin embargo el Libertador los convenció de la bondad de la causa emancipadora, a cuyo sacrificio los convirtió; este hecho fue muy notorio.  A pesar de que los Franciscanos no veían bien a Bolívar, ofrecieron un festejo en su honor, y expresaron públicamente: “Que la revolución era inevitable, oportuna y hasta necesaria; que en América se carecía de esa significación depravada que comúnmente se le asigna a la palabra; que la independencia no se oponía a la doctrina de Jesucristo, ni a las decisiones de los concilios, ni a las disciplinas de la iglesia, y que por lo demás constituía un deber en sentido moral, y una forzosa consecuencia de los acontecimientos políticos”. (13)

 

Las personas que estuvieron presenciando la evolución de la enfermedad y muerte del Libertador, como el médico de cabecera el Doctor Révérend, Fernando Bolívar y Fernanda Barriga, hablan descriptivamente de los últimos días, y comentan que el ilustre enfermo sostuvo varias conversaciones con el Arzobispo de Santa Marta Monseñor José María Esterez, quien le administró el sacramento de la confesión.  Y el mismo día de la confesión por la noche, el señor cura de Manatoco vino a visitar a Bolívar, acompañado de sus acólitos y algunos indígenas, con el fin de administrarle el santo viático a Bolívar.

 

Se cuenta que cuando el señor Arzobispo salió del aposento del enfermo, exclamo: “ Alma grande, generosa y santa destinada para el cielo”. (14)

 

Por fin llegó el momento sublime de la confesión de la fe pública más profunda y teológica de Bolívar, producto de su sincera y sólida convicción en los principios católicos de sus mayores.  Se trata del testamento. La parte introductoria transcribe lo pertinente a la religiosidad eclesial de Bolívar:

 

“ En el nombre de Dios Todopoderoso. Amen. Yo Simón Bolívar, Libertador de la República de Colombia, natural de la ciudad de Caracas en el Departamento de Venezuela, hijo legítimo de los señores Juan Vicente Bolívar y María Concepción Palacios, difuntos vecinos que fueron de dicha ciudad; hallándome gravemente enfermo, pero en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firmemente creo y confieso el alto y soberano misterio de la Beatífica y Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios que cree y predica y enseña nuestra santa madre Iglesia, Católica, Apostólica, Romana, bajo cuya fe y creencia he vivido y protesto vivir hasta la muerte como católico fiel cristiano, para estar prevenido cuando la mía llegue, con disposición testamental bajo la invocación divina hago y otorgo y ordeno mi testamento en la forma siguiente:

 

1° Primeramente encomiendo y entrego mi alma a Dios Nuestro Señor que de la nada la crió y el cuerpo a la tierra de que fue formado”.

 

 

 

 

 

6.  Prescripciones y decretos a favor de la  Educación Religiosa:

 

En el memorable decreto a favor de los indígenas del 21 de mayo de 1820 al hablar sobre las escuelas mandaba expresamente la enseñanza religiosa.  Así mismo se encuentra en los decretos sobre la educación religiosa a nivel de catequesis en la escuela y a nivel de teología en las cátedras o universidades.

 

En la ley 18 de 1826 se aplica en la universidad de Boyacá las cátedras de Derecho político Eclesiástico, instituciones Canónicas, Fundamentos de la Religión, Estudios Apologéticos de la Religión, Sagrada Escritura e Instituciones de Teología Dogmática y Moral.

 

En el Art. 72 del Decreto-Ley 18 marzo de 1826 se establece que en el Colegio Nacional y en el seminario de San Carlos se dictarían las siguientes Cátedras: Derecho, Lógica, Teología Moral, Derecho Público Eclesiástico, Instituciones Canónicas, Fundamentos de la Religión y Lugares Teológicos.

 

En el decreto 03 de octubre de 1826 se establece que para la educación pública que “ Los maestros enseñan la religión y la moral cristiana con toda la fuerza.  Estas conducirán a los niños a la iglesia parroquial los domingos y días de fiesta a las ceremonias o prácticas doctrinales.

 

El Decreto 06 de 1827 autorizaba el poder ejecutivo para conceder a los colegios provinciales las Cátedras de Derecho público Eclesiástico.  Y en forma más amplia el Decreto 05 de Diciembre de 1829 determinaba:

 

Cuidar que los maestros enseñen la religión y la moral cristiana en toda su fuerza y que no aprendan a leer en libros capaces de corromper la una y la otra, ni que de modo alguno recibían en las escuelas lecciones o ejemplos que puedan pervertir sus corazones.

 

Además de estos y otros decretos ordenando la enseñanza de la religión de Bolívar en sus mensajes a los dos últimos congresos le recomendó en forma muy particular el cuidado y la promoción de los religiosos.

 

La mayor parte de los escritores de la vida y obra de Bolívar, se preocupan por exponer y cantar las cualidades, virtudes y defectos que formaron su rica personalidad; por ejemplo, se habla de bolívar como libertador de cinco Repúblicas, militar y guerrero de 472 combates, estratega de campañas como la del Magdalena, los Llanos, los Andes, el Páramo de Pisba, la del sur y la del Alto Perú; también se encuentran libros sobre Bolívar como dictador en la Gran Colombia y Perú, y también como inspirado escritor de 2.600 cartas y verdaderos tratados  como la Carta profética de Jamaica, el manifiesto de Cartagena, el mensaje de Angostura y la Constitución de Bolivia. Pero se ha escrito muy poco o nada acerca de  la dimensión religiosa de nuestro libertador como sí el hubiera sido un antes confeso y manifiesto.

 

El lector del presente trabajo podrá juzgar este curioso fenómenos, a partir de las líneas precedentes, que revelan la consistencia de los hilos ancestrales de una catolicidad irreprochable y unida sustancialmente a los apellidos Bolívar y Palacios. Pero los elementos de juicio no se agotan en la cuna de Bolívar;  también es válido para el efecto propuesto acompañar a bolívar en los sacramentos de iniciación cristiana y verlo sellar en el altar su compromiso con doña María Teresa del Toro. Pero más significativo es el cuidado celoso de  sus relaciones con la jerarquía  católica y su voluntad clara de apoyo a la educación cristiana. Y qué decir del proyecto moralizador de la sociedad con el histórico “cuarto poder”? El inconfundible perfil religioso de Simón bolívar queda rubricado con la admirable y conmovedora confesión de fe, expuesta en su testamento, en el cual hace entrega formal de su alma al Creador del Universo, al Dios Uno y Trino cuyo nombre  ‘Tres Veces Santo’ llevó impreso en su identidad desde el día del bautismo hasta el sepulcro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

ACEVEDO CARMONA, Jairo.  Bolívar Libertador y Educador de América. Imprenta Universidad de Antioquía. Medellín- Colombia, 1989.

 

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(1) Aljure Chalela Simón: El Libertador. Publicciones Cultural Colombiana. Bogotá, 1959.[1]

[2] (Opus Cit.

[3] (5) De la Croix, Perú: El diario de Bucaramanga.

[4] (6) Opus cit.

  (7) Opus Cit.

[5] (8) Pacheco, Quintana Jorge: La Masonería en la emancipación de America. El. Universida La Gran Colombia. Bogotá. 1943.

(9)  Gutiérrez, Villegas Javier: Cátedra Bolivariana. Ed. Bedout. Medellín. 1981.

 

(11)  Masur, Gerhard: Simón Bolívar.Edit. Grijalva 1984. Círculo de Lectores.

(12) Op.Cit.