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CAPITULO I

 

 

FORMACION DE BOLIVAR

 


CAPITULO 1

 

FORMACION DE BOLIVAR

 

1.     SU ORIGEN – NIÑEZ – JUVENTUD –

INFLUENCIAS IDEOLOGICAS

 

SU ORIGEN

 

1.1.: CONTEXTO HISTORICO - POLITICO

 

Para encontrar el ancestro americano de Bolívar hay que remontarse a la época del descubrimiento de América en 1492. Los pobladores del continente, en su inmensa mayoría, son indios nativos y negros africanos. Algunos países europeos, como España, Italia e Inglaterra, acariciaban los proyectos expansionistas que tenían que ver frustrar lentamente por atender  prioritariamente las guerras con países vecinos. Los evangelistas, dinamizados por sus convicciones y comprometidos con su credo, querían llevar el mensaje de la salvación a los moradores de mundos desconocidos hasta entonces.

 

Así fue como España, llena de caballeros románticos y aventureros, se lanza a soñar en altamar y sorpresivamente llega a nuestra América donde descubre la posibilidad de establecer una sucursal del Reino de Fernando VII. En virtud de estos sueños llegaron a nuestras costas toda clase de personas, desde los cortesanos y amigos de los Reyes Católicos hasta los plebeyos y prófugos de las cárceles madrileñas. Vinieron también obispos y sacerdotes, comunidades religiosas y grupos de laicos, todos ellos comprometidos con la evangelización del nuevo mundo.

 

A la sombra de la Corona Española, se van formando y sucediendo los virreinatos, las gobernaciones, las capitanías, y otras formas de gobierno, cada una con su propia organización, jurisdicción y programas. Desde 1492 hasta el siglo XVIII, los españoles se confunden con los nativos, y de la promiscuidad resulta un nuevo grupo humano que asimila la lengua, la religión, la cultura y los sistemas políticos de dominación, explotación y tiranía. Durante este lapso de tiempo superior a los 300 años, se suceden varias generaciones, dejando un saldo antropológico – la cultura de  la resignación por la pérdida o negación de valores como el amor, la justicia y la libertad a los nativos. Y este hecho, de registro histórico, produjo efectos de un cambio casi total en la vida de las personas; en virtud de esta transformación humana, es entendible que los pueblos contemporáneos de Bolívar no entendían las motivaciones libertadoras, dado que ellos nunca supieron nada de libertad, de amor y de justicia. Inútilmente se les invitaba a luchar por valores que nunca tuvieron, y que, en consecuencia, tampoco les hacía falta. La tiranía y las explotaciones, a las que estaban sometidos a diario, les parecían normales, aunque insoportables; los esporádicos intentos de rebelión individuales, terminaban en el patíbulo o en las mazmorras; igual suerte corrían quienes intentaban soltar las amarras de las cargas tributarias ordenadas por la Metrópoli peninsular. Toda la sociedad del nuevo mundo se inclinaba reverente ante las leyes y mandatos de la Corona Española, sumisamente fiel por la convicción de que “toda autoridad viene de Dios”.

 

 

1.2. EL APELLIDO “BOLIVAR”

 

En el año de 1587 llegó a Caracas Don Simón Ochoa de la Rementería y Bolívar, con el cargo de Procurador, quien por un gusto muy peculiar, renunció al apellido paterno para que sus sucesores heredasen  el materno, de Bolívar, el cual en éuscaro – lenguaje vascuence, Bolívar significa “rueda de molino”. Simón José Antonio de la Santísima Trinidad y Palacios Ponte y Blanco Bolívar, es el cuarto hijo del matrimonio de Don Juan Vicente Bolívar y Ponte con Doña María Concepción Palacios y Blanco. El apellido Bolívar, hace unos dos siglos que apareció en Venezuela, y es originario de Vizcaya. Como se ve, Bolívar debería ser Ochoa, pero el ambiente cultural de sus ancestros, favoreció más la sucesión del árbol genealógico del apellido materno de Don Simón Ochoa de la Rementería y Bolívar, de quien desciende, por la vía de cuatro generaciones escalonadas nuestro libertador, quien nació el 24 de julio de 1783 en Caracas.

 

El contexto cultural, político, económico y social que acompañó la llegada de Bolívar a este mundo, era más o menos el mismo que  soportaron en aquel entonces los americanos durante los últimos 300 años, con la diferencia de encontrarse ahora  bastante mezclados los indios y los negros con los españoles peninsulares. Los cargos directivos eran desempeñados por personas nombradas directamente por la Corona, con los fines específicos de manejar el comercio y los tributos correctamente a favor de la Metrópoli.

 

Los criollos más destacados en la sociedad, eran los administradores de las haciendas heredadas de sus antepasados, y a veces desempeñaban algunos cargos de poca responsabilidad y hasta podían ejercer ciertas profesiones libres. Los criollos, en cierto sentido, formaban una clase privilegiada porque podían vivir de sus ventas agropecuarias y mineras. Pero otros grupos, como los mestizos, los multaos y los zambos(1), luchaban a brazo partido por sobrevivir de lo que podían, como vendedores ambulantes, artesanos, etc. Para estos grupos era difícil salir adelante, porque los oficios que podían desempeñar también pagan impuesto, a pesar de ser muy poco rentables; sin embargo, en los tiempos de la niñez y juventud de Bolívar, había otros grupos sociales más pobres y desprotegidos que los anteriores como eran los indios, quienes eran muy mal tratados, tenían que pagar tributo de su tierra y cosechas, y lo peor de todo era que paulatinamente iban perdiendo las propiedades que poseían por herencia de sus antepasados. Los nuevos propietarios eran los gobernantes de turno o los extranjeros. A esto se sumaba la condición de esclavos a que quedaban reducidos después de ver desaparecer sus pertenencias. El cuadro social de entonces se completaba con el último grupo humano, compuesto por los negros esclavos, objeto de compra-venta en las plazas públicas; este sector constituía la mayor vergüenza de una cultura – por fortuna extinguida- que sólo reconocía valores humanos a los privilegiados por la sangre, el color, la fortuna y el gobierno.

 

Y qué decir de la situación política contemporánea de la cuna del libertador? La autoridad suprema en los regímenes coloniales, la ejercía un capitán general nombrado directamente por el Rey de España. Los asesores del capitán eran: Un Cabildo, los Regidores y los Comandantes de milicias, todos ellos juraban absoluta e incondicional obediencia y lealtad al Soberano de la

 

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Metrópoli. Todo el andamiaje socio-económico y político-administrativo giraba entorno a la voluntad del Rey, a través de este capitán.

[2]

La educación, sí estaba en manos de las comunidades religiosas, pero con serios controles oficiales en materia de nuevas teorías filosóficas. Las comunicaciones y las publicaciones pasaban por el tamiz del gobierno reinante; y muy pocos libros circulaban de contrabando, algunos alusivos a la revolución francesa y a los derechos de libertad, igualdad y fraternidad.

 

 

1.3 BOLIVAR – NIÑO

 

El grupo familiar de Bolívar, estaba compuesto por sus padres Don Juan Vicente y Doña Concepción, y sus tres hermanos mayores, María Antonia, Juana y Juan Vicente. Su familia pertenecía social y culturalmente al grupo de los criollos adinerados. Desde temprana edad, el niño Simón es confiado a la tutela y cuidados de una nodriza, la negra Hipólita, a quien más tarde, Bolívar llamará “Madre”. En diciembre 8 de 1784, recibe el Bautismo de manos del sacerdote Juan Félix Jerez Aristeguieta y Bolívar, tío suyo. La majestuosidad de la ceremonia demostró el poderío de la familia Bolívar. En el año 1786, muere Don Juan Vicente y en 1792 quedó huérfano de madre. Los destinos de la familia quedan  en manos del abuelo materno, Don Feliciano Palacios, quien muere también en el año de 1793, dejando los huérfanos al cuidado de un tío materno, Don Carlos Palacios.

 

Muy pronto el niño Simón empieza una formación personalizada, acorde con el nivel social de la acaudalada familia “Bolívar – Palacios”. Efectivamente, Miguel José Sáenz, licenciado, y bajo la asesoría de un religioso capuchino, el Padre Andujar, se encargó de enseñar las primeras letras y los fundamentos de matemáticas a Simón. Don Andrés Bello, por su parte, le inicia en gramática castellana. Pero el maestro que más influyó en el Libertador fue Don Simón Rodríguez. Así que para comprender mejor a Bolívar hay que saber más de su maestro.

 

 

1.4 BIOGRAFIA DE DON SIMON RODRÍGUEZ

 

Este pedagogo contaba con 25 años y su ilustre discípulo apenas tocaba los 7. Nació en Caracas en 1771. El nombre de pila del maestro era Narciso Carreño, pero él se lo cambió con motivo de un problema que tuvo con su hermano. En adelante pues, siguió llamándose “Simón Rodríguez”, en lugar de Narciso Carreño. Era tan original y curioso que a sus dos hijos les puso los nombres de Maíz y Tulipán, posiblemente por acercarse más a las teorías Rousonianas del naturalismo.

 

Otro episodio, no menos excéntrico que los anteriores, lo protagonizó el hecho de un amigo suyo que le raptó la esposa y cuya devolución le solicitó por las vías legales, con esta nota: “Sírvase usted devolverme a mi mujer, pues la preciso para los mismos menesteres a los que usted la tiene dedicada”(2). Era profesor de anatomía y la enseñaba al vivo en su mismo cuerpo, a pesar del asombro o escándalo de sus alumnos(3). Fiel a los principios de los enciclopedistas, llevó a Bolívar a experimentar una formación sin libros, con el único texto de la naturaleza, sus clases eran al aire libre, con  largas y extenuantes caminatas por las montañas, ejercicios de natación y equitación, observación directa de los fenómenos naturales. Este tipo de formación fue creando en Bolívar poderosas defensas biológicas y reservas subconscientes para enfrentar los problemas futuros conexos con la condición de Libertador de cinco Repúblicas.

 

Don Simón Rodríguez desaparece de la Capitanía General de Venezuela en 1797, con motivo de haberse visto envuelto en una conspiración política contra la autoridad del gobierno español; y además, por esta misma razón se cambia el nombre por el de “Samuel Robinsón”. Emprende una peregrinación por Francia, Estados Unidos, Rusia, Alemania y Austria; por fin se establece en Jamaica como traductor. Pasan los años y al fin vuelve a encontrarse con su ilustre discípulo en 1825. Bolívar, por su parte, y en reconocimiento de aprecio y gratitud, le hace nombrar como Inspector General de Instrucción Pública de la joven República de Bolivia, cuyo presidente era el Mariscal Sucre.

(2) Gutiérrez, Villegas Javier: Cátedra Bolivariana. Bedout 1982

(3) Tomado de: Caminos abiertos Simón Bolívar,  editorial Círculo de Lectores, texto Simón el Hombre.


En virtud de su cargo tuvo comportamientos superiores a las posibilidades de su cargo; derrochó el presupuesto de la educación, creó cargos innecesarios, dictó clases de anatomía completamente desnudo, hizo un banquete muy famoso servido en bacinillas y con invitación y presencia del Presidente; prometió destruir la religión de Jesucristo en 6 años.

 

Después de la muerte del libertador, visita a Manuelita Sáenz en el Perú y muere en Huaia-Perú y deja grandes aportes a la educación.

 

En su calidad de pedagogo, quiere encarnar en el joven Bolívar el ideal de realización humana que, a su juicio es “El Emilio” de Rousseau; y por eso aprovecha el mejor ambiente que le ofrece la hacienda de San Mateo para tratar de integrar los preceptos filosóficos y la naturaleza.

 

La educación de Bolívar sufrió un giro radical con respecto a la familia, gracias a su maestro don Simón Rodríguez, quien convierte las clases en una sinfonía de admiración a las bondades de la naturaleza, como un recurso pedagógico, magistralmente empleado para hacer más notoria y despreciable la maldad congénita de los hombres. Critica mordazmente la actitud imperialista de España frente a los americanos, y la sumisión servil de estos respecto de la Corona, porque la esclavitud no obedece a un mandato divino, sino a las ambiciones de los poderosos y avaros de riqueza, para quienes el esclavo vale tanto cuanto produce y no por ser una persona en quien brilla la dignidad humana.

 

Este maestro del libertador fue acusado de conspirar contra la Corona en compañía de otros rebeldes. Todos fueron ejecutados, pero él se libró por la influencia poderosa de la familia Palacios.A partir de entonces, no pudo distraer el fantasma del miedo a una posible ejecución ordenada por las autoridades, y huyó a Jamaica en julio de 1797 completamente desmoralizado; al despedirse de su discípulo preferido, en estrecho abrazo, dijo: “En vuestras manos recomendamos nuestra revolución”  pesar de las visibles distancias

 

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Entre el maestro y el alumno, Don Simón Rodríguez logró estrechar los lazos de la más sólida amistad con Bolívar desde el principio, porque la naturaleza de la pedagogía rusoniana, constituía el mejor sistema de acercamiento al corazón y la mente del niño Bolívar. Uno de sus postulados consistía en “no llenar a los niños de conocimientos intelectuales de matemáticas, idiomas, religión, geografía, etc., y mejor dejarlos entregados a sus propios impulsos para que esos impulsos se adapten naturalmente al medio ambiente, sin otras conexiones que las impuestas por el mismo medio” (5) ... “El espíritu de estas reglas – sigue hablando Rousseau – es dejar a los niños más  libertad y menos imperio, permitirles que hagan más por sí propios y exijan menos de los demás, acostumbrándose así desde niños a regular sus deseos con sus fuerzas, poco sentirán la privación de lo que no está en sus manos conseguir” (6).

 

Como una consecuencia lógica de este modo de pensar, Don Simón Rodríguez poco habló al niño de las complicadas asignaturas que le habían enseñado sus muy ilustres profesores. Más bien le preguntaba con frecuencia acerca de los temas de interés para los niños, como los juegos y el deporte que más le gustaban y porqué no, sobre los paseos, amigos y diversiones favoritas; a todo esto Bolívar respondía entusiasmado,  generándose de este modo una amistad sencilla pero sólida entre los dos, que los años fueron desarrollando y madurando. Por algo Rousseau, el ídolo de este raro niño había escrito en su libro “El Emilio”: “Ejercitad su cuerpo, sus órganos, sus fuerzas; pero mantened ociosa su alma cuanto más tiempo fuere posible” (7).

 

 

1.5 RASGOS DINAMICOS DE LA PERSONALIDAD DE BOLIVAR

 

El ser racional es un extraño compuesto de cuerpo y espíritu, de pensamientos y afectividad, de consciente y subconsciente, de inmanencia y trascendencia. Pero en él, a diferencia de los demás seres de la creación, el equilibrio entre

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Todas estas dimensiones no se produce automáticamente, y siempre existe la posibilidad de que no se produzca este acoplamiento y se originen aquí peligrosos desajustes de la personalidad. La educación siempre ha sido el mecanismo más adecuado para alcanzar, con mayor posibilidad, el equilibrio deseado. Y Bolívar es uno de los pocos privilegiados para la integración de valores, dimensiones y cualidades.

 

Este fenómeno, que no es común, aporta luces a la comprensión de su rica personalidad, que unas veces se expresa en volcánicas pasiones amorosas o en luminosas intuiciones como en el Manifiesto de Cartagena a la Nueva Granada el 15 de diciembre de 1812; otras veces revienta en las visiones proféticas de la Carta de Jamaica donde retrata el presente y revela el futuro de Colombia, América y el mundo; y no puede esconder los kilates del genio de Estadista que se asoma en Angostura para crear la Gran Colombia el 17 de diciembre de 1819. Esta misma personalidad agigantada por el contacto con la realidad americana, se traduce en el constitucionalista que aparece en Bolivia en 1824. Otras veces la personalidad pluridimensional de Bolívar los hace un militar y estratega singular que participa activamente y con éxito en 472 combates (8) y al mismo tiempo lo hace soñador de unas repúblicas administradas a presión de valores éticos, y por eso eleva la moral pública a la categoría de cuarto poder (9).

 

Bolívar era incapaz de mirar pasivamente la realidad, porque no era un espectador de la historia sino un creador. Su temperamento impetuoso y su definida vocación de luchador incansable por los ideales de libertad e igualdad de las personas y los pueblos, no le permitieron estancarse; por el contrario, siempre estaba en función de lo más y lo mejor. Por naturaleza, sentimental y afectuoso, vivió los idilios juveniles con huracanado romanticismo.

 

Los fracasos que tuvo al respecto le aportaron valiosísimos elementos de madurez, en virtud de los cuales, se fue autoformando como un hombre recto,  ético y responsable.

 

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La profundidad de su pensamiento lo llevó a descubrir racionalmente a Dios, el “motor inmóvil” de Aristóteles, y la “causa causarum miserere nobis” de Cicerón, a quien “tengo que dar cuenta hasta de lo más insignificante de mi vida” (10) dice él mismo, cuando preparaba el testamento cuyo primer artículo reza así: “Hago entrega formal de mi alma a Dios que de la nada la creó” (11).

 

Algunos críticos cuestionan la catolicidad de Bolívar por que en la juventud fue militante de la masonería. Y es él mismo, quien explica el sentido de su participación en las logias. Luis Perú de Lacroix, escritor que sostenía la irreligiosidad de Bolívar escribió en uno de los apartes de su libro diario: “El Libertador habló de la masonería, diciendo que también él había tenido la curiosidad de hacerse iniciar para ver de cerca lo que eran aquellos misterios, y que en París se había recibido de Maestro, pero que aquel grado le había bastado para juzgar lo ridículo de aquella antigua asociación.

 

Que en las logias había encontrado algunos hombres de mérito, bastantes fanáticos, muchos embusteros y muchos más tontos burlados..., pero que en el estado de civilización de Colombia, de fanatismo y de preocupaciones religiosas, no era posible valerse de la masonería, porque por hacerse él como algunos partidarios de las logias, se hubiera atraído el odio y la censura de toda la nación” (12).

 

Uno de los rasgos característicos de la personalidad de Bolívar es la hiperactividad e hipomanía, extraña mezcla psico-biológica, que según el estudio crítico-analítico del Dr. Mario Torres en su obra titulada “Simón Bolívar”, lo lleva a vivir a ritmo acelerado en la amplia gama de sus funciones mentales y psíquicas y a nivel de sus expresiones físicas; todo en él vibra; no está en la locura ni en la realidad; es vecino de dos mundos y participa de uno y otro, como si sus células tuvieran un dinamismo más rápido y más vigoroso. El aparato psíquico de Bolívar trabajaba a enormes velocidades y por eso nunca se detuvo en la producción de ideas y proyectos dentro de una prospectiva muy adelantada y superior.

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Bolívar es, en último término, el resultado de muchos factores combinados, desde los genéticos hasta los culturales. Lector infatigable de los clásicos grecorromanos, que lo hicieron un pensador y, por tanto, productor de pensamiento. Asimiló los mensajes políticos y económicos de los enciclopedistas.

 

Un día, viajando por Francia, encontró un libro que lo impactó como pocos, el “Emilio” de Juan Jacobo Rousseau; en él encontró el punto donde empieza el camino que conduce a la felicidad y el que lleva al dolor; es la educación, para el primero y la ignorancia para el segundo. De ahí que Bolívar soñó con unos países que se dedicaban a educar hombres para la felicidad, en cambio de alimentar harapos humanos destinados al dolor y al fracaso como veía que lo hacía la Corona Española con los pueblos americanos.

 

Conoció a Napoleón Bonaparte y lo admiró hasta el día de la coronación; en ese entonces, no pudo asimilar el culto rendido por el pueblo francés al emperador, porque “tan indigno es el pueblo que se arrodilla ante un hombre, como el hombre que permite al pueblo que se le arrodille”- escribía el joven Bolívar a su antiguo inolvidable, el maestro Rodríguez, autodesterrado en Jamaica. La formación del futuro libertador de América es fruto de los estudios y la orientación pedagógica de los maestros que tuvo desde muy niño, de las lecturas e influencias grecorromanas, de la mentalidad que originó la revolución francesa, de las tertulias intelectuales que tuvo en Francia en compañía de Alexander Von Humboldt, con quien analizaba los datos y resultados de las investigaciones científicas realizadas en América. Este sabio creía que América era una gran potencia, que requería, para su desarrollo, independizarse de España. Se cuenta en las crónicas de la familia du Villars  que un día, se realizaba la tertulia en casa de las primas de Bolívar; y cuando el científico Humboldt dijo que América ya está preparada y madura para la independencia, pero que solamente falta el líder, Bolívar sin ser interrogado dijo: ese líder está aquí. Entonces, sin esperar otras motivaciones, ingresa a las milicias del Valle de Aragua, organizadas por su abuelo Don Juan Bolívar. Pasado el tiempo de formación militar, se gradúa de subteniente y regresa a Caracas.

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1.6 MATRIMONIO, VIUDEZ Y NUEVO RUMBO

 

Después de la muerte de su abuelo Feliciano, Bolívar queda bajo la tutoría de su tío Carlos, quien resuelve enviarlo a España para que continúe la carrera militar o estudie leyes que también le atraían. El 16 de enero de 1799 partió en el navío San Ildefonso por la ruta de Méjico, donde tomó los caudales que el gobierno de este país enviaba a la Metrópoli. El buque se demoró mucho en Veracruz, y Bolívar aprovechó esta circunstancia para conocer a Méjico, donde fue acogido y agasajado por cuantos lo trataban. Se relacionó con los personajes más distinguidos del gobierno como el Virrey Miguel José de Azanza. El Virrey quedó maravillado del modo de pensar y hablar del joven viajero. Por fin, el San Ildefonso zarpó de nuevo rumbo a Madrid pasando por Bilbao.

 

En Madrid vivió con un tío materno, Don Esteban, quien gozaba de la amistad y confianza de los reyes, porque el tío era amigo de un cortesano favorito del monarca Carlos IV y de su esposa María Luisa, el payanés Manuel Mallo. Muy pronto se hizo amigo de Fernando el hijo de la Reina María Luisa. Su tío y padrino Esteban se preocupó por darle una buena educación; pero Esteban cayó en desgracia con la reina y tuvo que huir; Bolívar por su parte seguía devorando los clásicos de la antigüedad, lo mismo que a los modernos de España, Italia, Francia e Inglaterra.

 

Bolívar ya es un hombre que está acercándose a los 19 años. Tiene su mente sobrecargada de ideas e ideales muy altos, y en su corazón va prendiendo e incrementándose el fuego de una juventud sana y ardorosa, que reclama la complementariedad que la misma ley natural ofrece a nombres y mujeres. Se cruza en su camino una joven que, a decir de un biógrafo caraqueño, llenaba plenamente las aspiraciones del joven militar. Se trata de Doña María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, con quien Bolívar formalizó su matrimonio el 26 de mayo de 1802. Se había conocido con María Teresa en casa del marqués de Ustariz, donde trabó amistad con Don Bernardo Rodríguez del Toro, padre de María Teresa. Todavía en luna de miel, los recién casados partieron para la Coruña, de donde se embarcaron rumbo al puerto venezolano de la Guaira y se establecieron en la hacienda “San Mateo” que Bolívar poseía en calidad de herencia familiar, la cual empezaba a administrar desde su llegada. El idilio de esta noble y joven pareja no duró mucho, porque el 22 de enero de 1803 María Teresa murió a causa de una fiebre maligna. “Yo, le dijo Bolívar a Perú de la Croix en 1828 – quise mucho a mi mujer y su muerte me hizo jurar no volver a casarme. He cumplido mi palabra. Miren ustedes lo que son las cosas: si no hubiera enviudado quizá mi vida hubiera sido otra, no sería el General Bolívar, ni el Libertador, aunque convengo en que mi genio no era para ser alcalde de San Mateo... La muerte de mi mujer me puso muy temprano en el camino de la política y me hizo seguir después el carro de Marte en lugar de seguir el arado de Seres. Vean pues ustedes, si ha influido o no sobre mi suerte”. (16).

 

Con la muerte de Doña María Teresa se esfuman para Bolívar los anhelos de una vida de paz, hogareña y dedicada por entero a los cuidados requeridos por su abundante patrimonio familiar. Esa muerte influyó de manera definitiva en el curso de su existencia. “Miren ustedes – escribe Bolívar desde el Cerro del Potosí – lo que son las cosas, si no hubiera enviudado quizá mi vida se habría disuelto en la opulencia y la molicie” (17?).

 

En el colmo de la tristeza por la pérdida de su esposa, emprende nuevo viaje a Europa en busca de consuelo y evasión; ya sabe lo que es sufrir en carne propia. En España no fue bien visto porque el ambiente era de prevención contra los suramericanos. De allí partió para París donde se encontró con la prima Fanny du Villars, con la que vivió como amante y confidente. Por medio de la familia du Villars, conoció importantes personalidades de la política, la ciencia y el gobierno. Con unos y otros, el centro del discurso era él mismo: los cambios que deberían producirse en el mundo, principalmente en América.

 

Bolívar sabe que su más brillante maestro, Don Simón Rodríguez, está viviendo en Viena al servicio de un aristócrata; allí había cambiado de nombre, ahora se llamaba Simón Robinson. Entonces, Bolívar lo manda venir

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a París. El discípulo está sorprendido porque siente que ya aventaja en mucho a su antiguo maestro, quien está dominado por la confusión intelectual.

 

Entonces, ambos hombres inician un viaje de a pie hacia Italia. Durante el largo y penoso camino, no pararon de hablar de la democracia, la libertad, la igualdad, el republicanismo, los derechos del hombre y la revolución. En Milán presenciaron la segunda coronación de Napoleón; mientras se sucedían todos estos fenómenos, Bolívar en su interior suspiraba por ser el Napoleón de las naciones americanas, para darle libertad a los oprimidos y hacer saborear la igualdad de la dignidad humana. Este nuevo Napoleón no quiere parecerse al que conoció en París y en Milán como emperador; al respecto dice el mismo Bolívar: “se hizo emperador y desde aquel día lo miré como a un tirano hipócrita, oprobio de la libertad y obstáculo al progreso de la civilización” (18).

 

Bolívar se sintió muy bien en su recorrido por Roma y otras ciudades de Italia; antes de abandonar a Roma quería una visita al Santo Padre para conocer de cerca al jefe Supremo de la cristiandad. Entonces se valió de un amigo, americano y adinerado  para pedir y conseguir una audiencia con el Papa. Llegó el día y hora del encuentro con el Vicario de Cristo sobre la tierra; el joven caraqueño engalanado con el uniforme del ejército español, y en compañía  del embajador de España entra a la sala de audiencias papales. Son muy bien recibidos por el sonriente Pio VII. El embajador de España cumple ritualmente el protocolo de saludo inclinándose para besar reverente las sandalias del Pontífice; Bolívar en cambio no lo hizo, a pesar de las reiteradas insinuaciones del embajador inquieto por tan delicado impase. Pío VII, por su parte y con su acostumbrada sonrisa se adelanta y dice: “dejad al joven indiano que haga lo que le guste”. Pero Bolívar no se queda atrás; por el contrario busca justificar su conducta con elegancia y dice al sucesor de Pedro: “Muy poco debe estimar el Papa el signo de la religión, cuando lo lleva en sus sandalias, mientras los demás soberanos de la cristiandad lo colocan sobre sus coronas” (19).

 

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2.     EL JURAMENTO Y SU CONTEXTO HISTORICO.

 

2.1. EL JURAMENTO

 

Bolívar visitó las principales ciudades de Italia como roma, Florencia, Milán, Turín y Bolonia. Se encantó de Roma como de ninguna otra ciudad. Todos los días sin falta, maestro y alumno hacían un paseo al campo. Un día, después de comer algo, salieron rumbo al Monte Sacro, y ... lo que sucedió en aquel día desde el Aventino en la cumbre del Monte Sacro, lo relató  Don  Simón  Rodríguez  en Quito al Dr. Manuel Uribe Ángel con las siguientes palabras: “Un día, después de haber comido, y cuando el sol ya declinaba, emprendimos con bolívar paseo hacia el Monte Sacro ... volviéndose hacia mí, húmedos los ojos, palpitante el pecho, enrojecido el rostro, con una animación casi febril, me dijo: “¿ con que este es el pueblo de Rómulo y Numa, de los Gracos y los Horacios, de Augusto y de Nerón, de César y de Bruto, de Tiberio y de Trajano?. Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna.

 

Octavio se disfraza con el manto de la piedad pública para ocultar la suspicacia de su carácter y sus arrebatos sanguinarios; Bruto clava un puñal en el corazón de su protector, para reemplazar la tiranía de César con la suya propia; Antonio renuncia los derechos de su gloria para embarcarse en las galeras de una meretriz, sin proyectos de reforma;  Sila degüella a sus compatriotas y Tiberio, sombrío como la noche y depravado como el crimen, divide su tiempo entre la concupiscencia y la matanza. Por un Cincinato hubo cien Caracallas; por un Trajano cien Calígulas y por un Vespasiano cien Claudios.

 

Este pueblo ha dado para todo, -continúa Bolívar  inspirado-  menos para la causa de la humanidad: Mesalinas corrompidas, Agripinas sin entrañas, grandes historiadores, naturalistas insignes, guerreros ilustres, procónsules rapaces, sibaritas desenfrenados, aquilatadas virtudes y crímenes groseros; pero para la emancipación del espíritu, para la extirpación de las preocupaciones, para el enaltecimiento del hombre y para la perfectibilidad definitiva de su razón, bien poco, por no decir nada. Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor y juro por la patria, que no daré descanso a mis brazos,  ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”. “Voy a buscar otro modo de existir, estoy fastidiado de Europa y sus viejas sociedades, me vuelvo a América” (20).

 

 

2.2 ACONTECIMIENTOS MAS NOTORIOS Y SIGNIFICATIVOS

 

Bolívar como analista de la realidad que se vivía en aquel entonces, y visionario de un mundo nuevo, digno de los seres racionales, estudió  críticamente los fenómenos sociales, políticos, económicos, culturales, religiosos, etc., de los pueblos americanos, sobre los cuales termina formulando complejos diagnósticos, que requieren de mucha voluntad y esfuerzo por parte de sus líderes.

 

Entender el pensamiento y la personalidad de Bolívar, implica ante todo la contextualización histórica de su genio, para considerar el discurso sobre la fenomenología, que durante varias décadas generó la preocupación de pueblos y naciones de Europa y América. Bolívar se desenvolvía en un contexto intelectual elitista, pero también en medio de los acontecimientos que centralizaron el interés mundial. Bolívar y su obra no son un fenómeno aislado y solitario, sino la secuencia lógica de muchos conflictos encontrados y entre sí relacionados. “Esto significa – dice el historiador colombiano Javier Ocampo López – que existe una relación del movimiento revolucionario de Colombia en un conjunto histórico, con la revolución de independencia de América, como el de aquel proceso universal que se proyecta en las revoluciones de Norteamérica y Francia, Bélgica, Suiza y Holanda en el siglo XVIII; con la revolución Latinoamericana del siglo XIX y con la Asiática y Africana del siglo XX, con ajustes revolucionarios dentro de lo social y económico” (21).

[10]

Aquí es pertinente hacer mención del movimiento revolucionario de las colonias inglesas contra la Gran Bretaña, cuyo saldo fue el nacimiento de los Estados Unidos de Norteamérica con un gobierno republicano, constitucional y democrático en 1786. La Revolución Francesa con los antecedentes ideológicos de la ilustración y su emblema inmortal de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, liquidó el poder secular de la monarquía absolutista. La crisis del sistema colonial reinante, centrado en un inhumano mercantilismo, fue motivando y preparando a los grupos, sometidos a poderes extranjeros, para gestar y desarrollar movimientos de emancipación nacional, con propósitos definidos de organizar sus propios Estados nacionales. Este aire revolucionario e independentista se respiraba en toda la América. El movimiento filosófico, denominado “La Ilustración”, que se proponía dominar con la sola razón todos los problemas del hombre, desde los antropológicos hasta los existenciales y religiosos, impulsó las ideas de progreso, libertad e igualdad y una concepción racionalista, naturalista y experimental de toda realidad.

 

En el ámbito de las ideas políticas, se  profundizó y amplió el liberalismo individualista y el utilitarismo sobre la filosofía del bienestar para las mayorías. Se esclarecieron los principios de la democracia, cuyo fundamento último y el más autorizado es la soberanía del poder popular, de donde sale legítimamente el gobierno del pueblo. Otro factor de mucha trascendencia para la época fue la invasión de Napoleón a España, para detener el avance expansionista y colonialista de la Gran Bretaña. Esto originó un movimiento interno en España, el cual terminó con la expedición de la constitución política de Cádiz en 1818. No menos importante y significativo para los intereses de Bolívar, fue la revolución política que estalló en la Nueva Granada en 1810, la cual pedía el establecimiento de un gobierno autónomo con la declaración posterior de la independencia, y el rechazo total a las pretenciones de reconquista española en 1819, con la creación de la Gran Colombia como república libremente integrada.

 

 

2.3 PROBLEMÁTICA REINANTE

 

Europa y América viven momentos difíciles en uno o en varios sectores sociales. El económico y financiero se resiente, por la necesidad apremiante que se experimenta, al tener que asumir los costos de las guerras, cuyas consecuencias golpean al pueblo que soporta la recesión económica y por tanto, la parálisis en la producción y en las exportaciones. Aparecen los impuestos disparados para todo, desde el impuesto predial y proporcional al patrimonio, hasta los tributos a comerciantes y hacendados, los empréstitos y el clero, cualquier producción material, intelectual o espiritual, las posesiones, muebles e inmuebles, etc. Todo esta grabado con impuestos. La gente,  agobiada por la opresión de las cargas tributarias, arancelarias y fiscales, no aguantaba más..

 

En lo político, se vivía a presión de los enfrentamientos grupales o estatales, tratando de estabilizar las formas más adecuadas de organización constitucional. Los países ensayaban teorías de estado y los sistemas de gobierno más diversos y con frecuencia antagónicas, como el centralismo y el federalismo, las monarquías y las democracias. Un buen grupo de estados en el mundo buscaban la forma de desprenderse de sus soberanías externas para integrarse en bloques de naciones federadas.

 

En lo religioso, el catolicismo, en alianza con los poderes temporales va perdiendo identidad y por lo mismo, confiabilidad, se va desgastando en abierta lucha contra la invasión de las iglesias y sectas protestantes, que aprovechan pedagógicamente las debilidades del vaticano para convencer y ganar nuevos seguidores de la reforma luterana.

 

Científicamente se imponían los descubrimientos e informes del varón Alexander Von Humbolt en la primera década del siglo XIX, quien expuso en Europa (1805) las riquezas naturales de América en cuanto a la variedad de climas tropicales, favorables a la vegetación exuberante y a la producción de toda clase de alimentos; las numerosas especies de animales, la abundante hidrografía y la caprichosa geografía del nuevo continente hacían de las exposiciones de Humboldt la mayor actualidad del momento histórico. No menos novedosa o importante resultaba la expedición botánica dirigida por el sabio José Celestino Mutis cuyos descubrimientos han servido para las más grandes y valiosas investigaciones de las ciencias de la salud.

 

El episodio, pues del juramento, protagonizado por Bolívar frente a su ilustre y excéntrico   preceptor Don Simón Rodríguez en 1805, se enmarca en un gran escenario mundial bastante convulsionado y en un contexto continental muy esperanzador. Bolívar ya está suficientemente formado para emprender  y realizar la obra monumental que inició en el Monte Sacro y terminó curiosamente en el cerro de Potosí  a 4.688 metros el 26 de octubre de 1825, cuando Bolívar, en medio de oficiales que portaban las banderas  de los países libertados por su genio visionario, haciendo un recorrido mental de sus gloriosas hazañas con las que selló la emancipación americana, de pie sobre aquella mole de plata cuyas venas riquísimas en minerales preciosos y codiciados por el resto del mundo y que fueron el erario de España durante 300 años, Bolívar llenó de felicidad e infinita satisfacción por haber podido cumplir el juramento del Monte Sacro, exclamó: “Yo estimo en nada esta opulencia cuando la comparo con la gloria de haber traído victorioso el estandarte de la libertad , desde las playas ardientes del Orinoco, para fijarlo aquí, en el pico de esta montaña, cuyo seno es el asombro y la envidia del Universo”(2).

 

 

 

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[1](1) Mazur, Gerhard: simón Bolívar, Editorial Grijalbo S.A. 1984.

 

[3] (4) Mazur, Gerrhard: Op. Cit.

(5)Rousseau, Juan Jacobo: El Emilio

(6) Rousseau, Juan Jacobo: Opus Cit.

(7) Rousseau, Juan Jacobo: El Emilio

(8)Gutiérrez, Villegas Javier: Cátedra Bolivariana. Ed. Bedout 1981.

(9) Salazar, Martínez Luis: El Libertador y la constitución de angostura de 1819. Caracas 1969.

(10)Bolívar, Simón: Cartas, Tomo III 1830.

(11) bolívar, Simón: Testamento del Libertador, diciembre 10 de 1830.

(12)Perú, De la Croix Luis: Diario del Libertador

(16)Perú de Lacroix: Diario de Bucaramanga. Vida pública y privada del Libertador Simón Bolívar.Edt.

      Bedout, 3ª. Ed. 1969.

(17)Opus Cit.

(18) Opus Cit.

(19) Bolívar, simón. Cartas del Libertador, Vol. I, 1810

(20)Calero,MercadoCarlos:Conozcamos a Bolívar,Ed.Norma 1982.

(21)Ocampo, López Javier: El proceso políticio, militar y social de la independencia, pag.18, Manual de Historia de Colombia, tomo II, Ed. Procultura, 1982 Bogotá.

 

(2)Gutiérrez, Villegas Javier: Cátedra Bolivariana. Ed. Bedout. 1981, Medellín.[11]