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APORTE PEDAGÓGICO DEL PENSAMIENTO BOLIVARIANO

 

 

 

La Gran Colombia es Bolivariana por naturaleza; así la pensó y soñó su fundador el Doctor Julio César García, quien además de haber sido un brillante historiador e investigador, fue un distinguido catedrático que se recuerda por la profundidad de pensamiento y por el perfil pedagógico, en tan alto grado que se identificaba con la situación existencial de sus alumnos para llegarles con más naturalidad de educador, fundó la Universidad La Gran Colombia sobre una base filosófica de cuatro columnas, siendo la Bolivariana una de éllas. Esto indica que en el origen ideológico de nuestra Alma Mater estuvo la figura del libertador Simón Bolívar, educador de unos pueblos que estaban habituados a la dependencia total, pues llevaban 350 años de vida a la sombra de la corona de España. En este contexto, no era lo más fácil hacer entender y gustar el valor de la libertad. Sin embargo, Bolívar logró convencer a cinco naciones y a sus líderes del valor natural de la libertad y de la dignidad humana.

 

En los tiempos de la independencia, la educación todavía estaba limitada a las clases privilegiadas. Pero para Bolívar la difusión de la cultura era fundamental como elemento básico de la campaña libertadora, pues bien sabía que sin educación no podía llevarse a cabo la acción renovadora del nuevo mundo, ni garantizar a los nativos su libre existencia y su porvenir. Por tal razón, concibió el más novedoso plan civilizador de las naciones por él Libertadas.

 

“El estado – dijo- es el que establece la educación pública y la dirige... El primer deber del gobierno es dar educación al pueblo”.

 

En el grandioso y magistral discurso en Angostura en febrero de 1819, el Libertador fue categórico en cuanto a los deberes del gobierno: “La educación popular- escribió- debe ser el cuidado primordial y primogénito del amor paternal del Congreso...Demos a nuestra república una cuarta potestad cuyo dominio sea la infancia y el corazón de los hombres, el espíritu público, las buenas costumbres y la moral republicana”. Constituyamos este Aerópago para que vele sobre la educación de los niños, sobre la Institución Nacional, para que purifique lo que se haya corrompido en la República; que acuse la ingratitud, el egoísmo, la frialdad del amor a la patria, el ocio, la negligencia de los ciudadanos”...

 

“Uncido el pueblo americano – continuó- al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y el vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud...un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propía destrucción”.

 

En un documento escrito en 1825, el Libertador se muestra como un profundo conocedor de las normas pedagógicas y un experto en su aplicación. Tal documento se titula “la instrucción pública”. Y como  aportes principales, aparecen los siguientes: “El gobierno forma la moral de los pueblos, los encamina a la grandeza, a la prosperidad y al poder. Porqué? Porque teniendo a su cargo los elementos de la sociedad, establece la educación pública y la dirige. Por esto es que las sociedades ilustradas han puesto siempre la educación entre las bases de sus instituciones políticas...Las naciones marchan hacia el término de su grandeza, con el mismo paso con que camina la educación”.

 

“El gobierno – sigue el documento- ha fijado con preferencia su atención sobre el punto más interesante, sobre el fundamento verdadero de la felicidad, la educación.  Y qué es lo que debe hacer un buen pedagogo?. Formar el espíritu y el corazón de la juventud, he aquí la ciencia del director: este es su fin...los premios y los castigos morales deben ser el estímulo de los racionales tiernos; el rigor y el azote, el de las bestias. “Este sistema produce la elevación del espíritu, nobleza y dignidad en los sentimientos, decencia en las acciones...

 

Así como el director, el discípulo debe tener ciertas cualidades al tiempo de entrar en sociedad: tales son la disposición física y la moral para ser enseñado...la primera máxima que debe enseñarse a los niños es la del aseo; si a estas cualidades se juntan unos modales finos y naturales, nos preparan una acogida favorable en el ánimo de las gentes...Al mismo tiempo se acompañará la instrucción práctica de la etiqueta, o de las ceremonias y cumplimientos debidos a las gentes según su edad y clase”.

 

“Siendo la palabra el vehículo de la instrucción, es de los primeros cuidados del director que la dicción sea pura, clara y correcta...el director puede enseñar todo lo que le permita el tiempo, su capacidad y la de sus discípulos. Pero los objetos de preferencia son leer, escribir los principios de la religión, los de la aritmética y la geografía”. “Los juegos y recreaciones son tan necesarios a los niños, como el alimento: su estado físico y normal así lo requiere. Pero estos desahogos se han de encaminar a algún fin útil y honesto”.

 

“La educación debe adecuarse a la edad, inclinaciones, genios y temperamento de los niños y jóvenes”... “Jamás es demasiado temprano para adquirir el conocimiento de las ciencias exactas, porque ellos, nos enseñan el análisis en todo, pasando de lo conocido a lo desconocido, y por ese medio aprendemos a pensar y a racionar con lógica. La memoria debe ejercitarse cuando sea posible; pero jamás fatigarla hasta debilitarla. Debe poseer aunque sea los rendimientos de dibujo lineal, de la astronomía, y de la química y de la botánica. La enseñanza de las buenas costumbres o hábitos sociales, es tan esencial como la instrucción. La moral en máximas religiosas y en la práctica conservadora de la salud y de la vida, es una enseñanza que ningún maestro puede descuidar. Siendo muy difícil apreciar donde termina el arte y donde empieza la ciencia, si su inclinación lo decide a aprender algún arte u oficio yo lo celebraría, pues abundan entre nosotros médicos y abogados, pero nos hacen falta buenos mecánicos y agricultores, que son los que el país necesita para adelantar en prosperidad y bienestar. El baile que es la poesía del movimiento y que da la gracia y la soltura a la persona, a la vez que es un ejercicio higiénico en climas templados, deberá practicarlo si es de su gusto. Sobre todo, recomiendo a ustedes inspirarle el gusto por la sociedad culta, el respeto a las personas de edad, saber y posición social, que hace a la juventud encantadora, asociándola a las esperanzas del porvenir”.

 

Por lo anterior, queda patentizada y tipificada la pedagogía del Libertador. De un lado su visión clara de la grandeza del ser humano y su perfectibilidad, la necesidad de la educación y la instrucción, y de otra parte, Bolívar intuye la importancia de conocer muy bien al estudiante y sus circunstancias para adecuarle los métodos de enseñanza eficaces y útiles al fin de la educación. Tampoco escapa al genio del Libertador el valor de un currículo adecuado al devenir histórico para que la formación de las personas se desenvuelva en armonía con el tiempo, jerarquizando la instrucción del saber y la educación propiamente dicha de las personas.

 

Por medio de un decreto dictado en 1820, Bolívar ordenó la creación de escuelas de primeras letras en todos los pueblos para blancos, negros e indígenas. Fomentó la educación a todos los niveles: en el secundario con la apertura de colegios; en el universitario, incrementando la investigación y ampliando su ritmo de acción; en el pedagógico, fundando las escuelas normales asesoradas por el sabio educador José Lancaster a quien hizo venir de Inglaterra; en el minero con el establecimiento de cátedras especializadas en el sector agrícola, si la región la requería. Uno de sus biógrafos dijó con mucha razón que Bolívar se adelantó a su época en cuestiones pedagógicas, aplicando el conocimiento científico de carácter útil a la sociedad.

 

Y para corroborar lo afirmado anteriormente, vale la pena recordar que Bolívar tenía vocación de educador. Esto se desprende del siguiente texto expresado por él mismo al entrar a Bogotá en 1828, después de la disolución de la convención de Ocaña:”pluguiera al cielo que me hubiese sido dado propagar la luz de la verdad y de las ciencias en todos los espíritus, para que no nos descarriásemos del camino de la virtud y no cayésemos en la sombra del error y de la ignorancia. Pero desgraciadamente el estado de las cosas no me lo ha permitido. Pero yo ofrezco que ningún objeto será de tanta preferencia para mí en lo sucesivo como la dirección de esos retoños de la vida, de esos ciudadanos que van a ser los sucesores de nuestros derechos, de nuestra libertad y de nuestra independencia, para que conserven estos preciosos bienes para sus virtudes y por su ciencia e ilustración. Yo dirigiré desde ahora mis pasos a la instrucción de los pueblos y a la de sus hijos”.

 

Finalmente, podemos concluir que ante la claridad del perfil educador de Bolívar y sus dimensiones de pedagogo, nuestra Universidad que es Bolivariana bien puede orientar su modelo pedagógico con aportes de don Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios”.